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7. DÉJELE QUE SIGA…


Autor: José Miguel Núñez

Nos lo ha transmitido una tradición que algunos llaman “menor”. Puede que, desde luego, no sea uno de los grandes episodios de la vida de Don Bosco, pero a mí me parece un relato entrañable y uno de los más deliciosos de la vida de nuestro padre.

Cuentan que aquella mañana un joven sacerdote paseaba por las calles de Turín dando y dando vueltas, pensando cómo ingeniárselas para darle estabilidad a su incipiente oratorio que acogía chicos de los arrabales de la ciudad. Aunque absorto en sus preocupaciones, decidió, al ver la barbería insólitamente vacía, entrar a afeitarse. Con sorpresa, una vez en el interior de local, se da cuenta de que el patrón no está. Se topa, sin embargo, con un chaval adolescente que barre el suelo.

- ¡Hola! Soy Don Bosco. ¿No está tu patrón?

- No, Señor. Ha salido un momento, comentó tímidamente aquel joven.

- ¿Cómo te llamas? Preguntó el cura con una sonrisa acogedora y simpática.

- Carlos, señor.

- ¿Cuántos años tienes, Carlos?

- 15.

- ¿Sabes afeitar, Carlos?

- Bueno... yo..., no sé, llevo sólo dos días, exclamó atemorizado el muchacho.

- Ya que tu patrón no está... ¿por qué no lo intentas?

- Pero…

- Vamos, no te preocupes. Empieza a enjabonarme.

El chico replicó todavía un poco, pero para entonces Don Bosco estaba sentado ya en el sillón de la barbería con ademán de colocarse él mismo el paño. Carlos dejó la escoba y casi temblando terminó de colocar al cura en su asiento y lo dispuso para el afeitado. Don Bosco continuó con la conversación casi sin tregua, y el muchacho empezó, a regañadientes, a enjabonar el rostro del cura.En esas estaban cuando de repente entra el patrón y al ver al aprendiz afeitando a su cliente dio una voz preocupada e impositiva:

- ¡No! Quieto muchacho... déjalo. Ya sigo yo. Don Bosco, perdone, pero todavía no ha aprendido a afeitar.

- Bueno, no importa. Con alguien tendrá que aprender. Deje que siga él...

- Pero Don Bosco...

- No se preocupe. Ya nos hemos hecho amigos y seguro que lo hará muy bien.

El patrón refunfuñó, pero por respeto al sacerdote, le permitió seguir al aprendiz. El muchacho reemprendió la tarea con más confianza y haciendo de la necesidad virtud continuó el afeitado. A duras penas llegó al final pero resultó todo un triunfo. Aquel cura simpático parecía diferente a los demás.Podemos imaginar que de aquel afeitado Don Bosco se llevó a casa más de un corte en la piel, pero se llevó también el corazón de aquel chico. Carlos no se separaría nunca más de Don Bosco. Fue su amigo. Creció con él en el oratorio, fue uno de sus primeros colaboradores y estuvo siempre a su lado hasta su muerte. Carlos le devolvió a Don Bosco, ya anciano, aquel corazón de plata que los antiguos alumnos de todo el mundo conocen tan bien. Corazón salesiano, corazón agradecido,corazón como el del padre que supo querer tanto a los que nunca nadie había querido.

6. NOS LLAMAREMOS SALESIANOS


Autor: José Miguel Núñez

El año 1859 fue especialmente importante para los proyectos de Don Bosco y la naciente obra de los Oratorios en Turín.

El santo sacerdote hacía tiempo que venía dándole vueltas a la idea de fundar una congregación religiosa. Eran tiempos difíciles para tal empresa después de las leyes anticlericales promulgadas en Italia algunos años antes. Pero el consejo del propio ministro Ratazzi de fundar una sociedad que mantuviera los compromisos civiles de sus miembros y el apoyo de Pio IX - en la visita que el propio Don Bosco hizo al Santo Padre en 1858 - recomendándole que los socios se comprometieran con votos religiosos, dieron al director del Oratorio la orientación definitiva para su proyecto.

Años antes, Don Bosco fue poco a poco preparando el terreno. A sus mejores muchachos los fue orientando en el discernimiento vocacional y en la opción sacerdotal. Los clérigos Reviglio, Rua, Francesia, Cagliero…, jóvenes del oratorio que crecieron junto a Don Bosco, constituyeron el primer núcleo de la futura Congregación.

En 1852, Don Rua recoge en un acta la reunión tenida en las habitaciones de Don Bosco en la que el santo proponía a un grupo de jóvenes la práctica de algunos ejercicios de piedad semanales. Dos años más tarde, comprometía a cuatro de ellos en un “ejercicio práctico de caridad hacia el prójimo”. Desde aquel día, escribe Don Rua, “fue puesto el nombre de salesianos a los que se propusieron y se propondrán dicho ejercicio”.

Y así, en la sencillez de estas palabras, en la noche del 26 de enero de 1854, se plantaba la semilla de la Congregación Salesiana. Meses más tarde, Miguel Rua hizo votos privados ante Don Bosco.

El momento definitivo llegó en 1859. El 18 de diciembre, después de una semana de reflexión, acudieron a la habitación de Don Bosco para responder explícitamente a su propuesta. El acta de la fundación de la Congregación ha guardado celosamente los nombres de los que se comprometieron definitivamente con Don Bosco aquella noche: Don VitorioAlasonatti, Don AngeloSavio; el diácono Miguel Rua; los clérigos

Juan Bonetti, Juan Cagliero, Carlos Ghivarello, Juan Bautista Francesia, Segundo Pettiva, José Bongiovanni, Domingo Ruffino, Celestino Durando, Juan Bautista Anfossi, Antonio Rovetto, Francesco Cerruti.

Aquellos primeros “salesianos” se propusieron trabajar en “la obra de los oratorios con espíritu de caridad a favor de la juventud abandonada y en peligro”.

Tras la reunión de fundación, quedaba un largo camino para el reconocimiento de la Congregación y la aprobación de las Constituciones por la Santa Sede. Pero el momento del 18 de diciembre tiene la portada de los grandes acontecimientos. Quedará para siempre en la historia de nuestra familia como un momento fundante al que volver con el corazón agradecido y el compromiso de una constante y siempre creativa renovación carismática.

En 2009celebramos el 150 aniversario de la fundación de la Congregación Salesiana. Fue una oportunidad para agradecer a Dios tanto don y ocasión propicia para un retorno a Don Bosco en el espíritu de aquellos primeros tiempos preñados de esperanza. La semilla, no nos cabe duda, ha fructificado el ciento por uno.

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