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13. ENTRE LOS MAS ABANDONADOS Y EN PELIGRO


Autor: José Miguel Núñez

Escribe Don Bosco en las Memorias del Oratorio, refiriéndose a los orígenes de Valdocco y el inicio de los talleres en el Oratorio:

“Apenas se pudo disponer de otras habitaciones, aumentó el número de aprendices artesanos, que llegó a ser de quince; todos escogidos de entre los más abandonados y en peligro” (en el original añade: 1847).

Don Bosco escogió, lo expresa él mismo con claridad, a los jóvenes más abandonados y en peligro para el inicio de su Oratorio. En nuestra familia, la preocupación por los últimos, por los más pobres, por los más abandonados ha sido siempre una constante y es una herencia comprometedora que hemos recibido de nuestro padre.

La preocupación social, el compromiso transformador, el sentido de la justicia y la sensibilidad hacia los últimos han sido siempre características de su acción pastoral y han vertebrado su misión.

Como muestra, un botón. En el archivo central de la Congregación Salesiana en Roma se conservan unos documentos inéditos y sorprendentes: un contrato de aprendizaje fechado en 1851; un segundo contrato, también de aprendizaje y éste en papel timbrado, fechado un año más tarde, 8 de febrero de 1852; algunos más fechados en 1855 ya bien estructurados y estandarizados con cláusulas bien concretas. Todos ellos están firmados por el patrón, el aprendiz y Don Bosco.

Curioso ¿no? Tanto más cuanto en la época no era habitual preservar los derechos de los trabajadores más jóvenes y éstos se veían sometidos a vejaciones y eran explotados sin contemplaciones por los patronos, muchos de ellos sin escrúpulos.

Don Bosco dio pasos decididos en la defensa de los más pobres y se comprometió firmemente en asegurar para sus muchachos condiciones de vida dignas y justas. Su visita a las fábricas, a las obras, a los talleres para conocer de primera mano la situación de los jóvenes trabajadores no le dejó indiferente.

Impresionan estos “contratos de aprendices” redactados “a pie de obra” para exigir la garantía de los derechos fundamentales de los muchachos: salud física, descanso los días festivos, salario justo, atención médica… ¡Don Bosco fue auténticamente un pionero en la lucha social y la defensa de los más débiles!

Don Bosco miró a su alrededor y no dudó en tomar cartas en el asunto. Su contacto con los arrabales de Turín, con la miseria de sus calles, con la penuria de sus gentes, le hizo implicarse en la realidad y buscar soluciones creativas para afrontar el necesario cambio social.

A nosotros nos toca renovar esta actitud de encarnación en la realidad social y la búsqueda de soluciones a las viejas y siempre nuevas pobrezas juveniles. Nuestro padre supo conciliar la prudencia y la audacia pero no escatimó esfuerzos hasta la temeridad para ocuparse de los últimos.

Abandono, soledad, fracaso escolar, falta de expectativas, marginalidad, exclusión social… realidades que hoy están a nuestro alrededor y que requieren la mirada atenta del educador y el compromiso creativo y transformador de todos los que hemos recibido el “legado” de Don Bosco.

12. ADELANTE, SIEMPRE ADELANTE


Autor: José Miguel Núñez

Don Carlo Viglietti fue el fiel secretario personal de Don Bosco en los últimos años de vida del santo. Le acompañó a todas partes, lo cuidó, lo atendió con infinita paciencia y ternura hasta el último momento de muerte. Nos ha dejado un precioso tesoro en la crónica escrita día tras día de los últimos cuatro años de la vida de nuestro padre. Viajes, detalles, anécdotas, palabras, gestos… todo está recogido con la fina escritura de Don Carlo en los taccuini (cuadernos) que se han conservado en el Archivo Central y que recientemente han visto la luz con la edición crítica de los mismos por parte del Instituto Histórico Salesiano.

Releyendo la crónica de Viglietti, descubrimos no pocos motivos para la reflexión. El día 28 de enero de 1888, días antes de la muerte del santo, el cronista escribe:

“Don Bosco se va agravando cada vez más (…) Ayer, esta noche, esta mañana, continua a delirar frecuentemente. Le oí repetir muchas veces: ¡adelante, siempre adelante!”.

El soñador delira. Y en el tramo final de su vida, extenuado y a punto de morir, continúa repitiendo ¡Adelante, siempre adelante! Quién sabe lo que soñaba… Aunque no sea difícil imaginarlo en medio de mil empresas, afrontando dificultades y animando a todos, ¡adelante, siempre adelante!

Dicen que uno muere como ha vivido. Pienso en las constantes de todo su proyecto: el entusiasmo y la tenacidad por la misión, por los jóvenes, por los pobres. Fiel reflejo de su vivir, Don Bosco sueña hasta el final con nuevos frentes, con nuevos proyectos, con nuevas fronteras que alcanzar aunque para ello haya que afrontar dificultades y penurias.

Para nosotros, en tiempo de incertidumbre y complejidad, las palabras de Don Bosco son una valiosa herencia. Adelante, siempre adelante. Confiando en el Señor, Como aquel pequeño campesino que muchos años atrás caminaba por la cuerda suspendida entre dos árboles y descubrió en su aprendizaje como saltimbanqui que el secreto estaba en mirar hacia adelante y caminar confiando en quien únicamente sostiene: “Tú eres mi Dios, fuera de ti no tengo ningún bien” (Salmo 16, 2).

Hoy como ayer, Don Bosco nos estimula a ir más allá. A no dejarnos vencer por las dificultades. A mirar lejos. A buscar nuevos senderos que recorrer, seguros de que Dios nos precede. El sencillo apunte de la crónica de Viglietti es valioso. Nos redescubre el corazón de nuestro padre. Corazón apasionado, audaz, perseverante, confiado. Entusiasmado, porque – sin duda – lleno de Dios.

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